Adriana Paloma
( Cátedra Filosofía- Facultad de Psicología- U.N.R)
“Los empiristas no son teóricos, son experimentadores. Jamás interpretan, no tienen principios. Si tomamos como hilo conductor, o como línea, esta exterioridad de las relaciones, vemos desplegarse, pieza a pieza, un mundo muy extraño, traje de Arlequín o patchwork hechos de llenos y de vacíos, de bloques y rupturas, de atracciones y de distracciones, de matices y de asperezas, de conjunciones y de disyunciones, de alternancias y entrecruzamientos, de adicciones cuyo total jamás ha sido hecho, de sustracciones cuyo resto jamás ha sido determinado”.
Gilles Deleuze
El presente trabajo quiere mostrar una parcela del pensamiento del siglo XVIII a través de uno de los temas que más lo caracteriza: la filosofía del conocimiento. En lo que respecta al problema gnoseológico, optamos por David Hume en lugar de Kant. Además, no debemos olvidar que es precisamente Hume un punto de partida en la teoría gnoseológica Kantiana, y uno de los filósofos con quien más discute el autor de
El concepto de causalidad que ha utilizado la ciencia y la filosofía para explicar la concatenación necesaria de los fenómenos, tiene una fundamentación subjetiva originada en la costumbre y el hábito con lo que pierde su carácter esencial: la necesariedad. En consecuencia, si tomamos una determinada conexión, existe alguna probabilidad, según la costumbre, de los que los hechos se relacionan de cierta manera que es habitual, pero no por ello podemos adelantarnos a afirmar tal relación antes de que ésta se produzca puesto que “la naturaleza siempre mantendrá sus derechos y prevalecerá al fin sobre cualquier clase de razonamiento abstracto”.1
En efecto, el concepto de conexión necesaria no es un poder intrínseco de los objetos, ni forma parte de sus propiedades esenciales como, por ejemplo, la extensión; es, por lo tanto, una idea que pone al hombre y como tal no tiene una existencia real en el mundo objetivo. Es solo un esquema a priori que pone al sujeto y por lo tanto, una forma de interpretación del mundo natural. Hume considera que dada una causa jamás se puede concluir a priori su efecto, si nos atrevemos a hacerlo es porque la costumbre nos anticipa la conclusión, provocando con este hecho un salto gnoseológico al vacío. Esta problemática que retomará Kant más adelante y de la cuál dará una solución de signo opuesto, tiene el mérito de adelantar en parte la moderna idea de probabilidad científica.
Gilles Deleuze en Empirismo y subjetividad realiza una lectura interesante del “Tratado de la naturaleza humana” de David Hume, nosotros seguimos dicha lectura. Pero, además, nos pareció pertinente indagar directamente en el “Tratado...”, acerca de la creencia, pues es una cuestión que nos interesa. ¿Qué es la creencia?, ¿ cuál es su naturaleza?, ¿ cuáles son sus causas?, ¿ es diferente de la ficción?, ¿ qué relación tiene con la impresión presente?, ¿ cuáles son sus efectos sobre la imaginación?: “El quid no está en responder a las preguntas, sino en escapar, en escaparse de ellas. Muchos piensan que la única forma de escaparse es repetir machaconamente la pregunta. (...) Lamentablemente. Ahora resulta que la única forma de escaparse es volver constantemente a la pregunta. Pero así nunca se logra escapar. El movimiento se produce siempre a espaldas del pensador o en el preciso instante en el que parpadea. Escapar, o es cosa hecha o jamás se hará”.2
· Algo sobre empirismo y subjetividad
Hume en el “Tratado de la naturaleza humana”, ha de mostrar que las dos formas bajo las cuales el espíritu es afectado son, esencialmente, lo pasional y lo social. Ambas se implican asegurando la unidad del objeto de una ciencia verdadera. Nos dice que únicamente una psicología de las afecciones del espíritu puede constituir la verdadera ciencia del hombre. Para él, los caracteres fundamentales de la naturaleza humana son: la inferencia y la invención, la creencia y el artificio. ¿Pero qué es la creencia?. Por lo pronto, podemos decir, que la creencia es el acto cognoscente del sujeto, su acto moral es el artificio o la invención, de la cuál la simpatía es solo una condición necesaria. Pues, creer e inventar es lo que el sujeto hace como sujeto. En el problema puntual de la subjetividad parece estar la esencia del empirismo. Pero, ¿qué es el empirismo?. Según, Gilles Deleuze: “El empirismo es como la novela inglesa. Y no se trata de hacer una novela filosófica, ni de poner un poco de filosofía en una novela, sino de filosofar como un novelista, de ser novelista en filosofía”.3 Por otra parte, se pregunta ¿con qué derecho el hombre afirma más de lo que sabe?, cuando dice: “Afirmo más que lo que sé. Tanto es así, que al problema de la verdad se lo debe presentar y enunciar como el problema crítico de la subjetividad misma: ¿con qué derecho afirma el hombre más de lo que sabe?...”.4 Somos sujetos, también por el juicio y en el juicio estético o social el sujeto reflexiona y se reflexiona. Cabe destacar que la doble potencia de la subjetividad es: inventar y creer. Pues el sujeto inventa, es artificioso. Pero, ¿qué es creer?, ¿qué es inventar?.
“Creer es inferir de una parte de la naturaleza otra parte, no dada en este caso. E inventar es distinguir poderes, es constituir totalidades funcionales, totalidades que tampoco están dadas en la naturaleza”.5 El sujeto se constituye en lo dado, porque lo dado ya no está dado a un sujeto. Pues, ese sujeto que inventa y cree se constituye en lo dado de manera tal, que hace de lo dado mismo un sistema. Resulta pertinente preguntarnos, entonces, ¿ qué es lo dado?. Hume nos lo dice: “Es, el flujo de lo sensible, una colección de impresiones e imágenes, un conjunto de percepciones.
Es el conjunto de lo que aparece, el ser igual a la apariencia; es el movimiento, el cambio, sin identidad ni ley”. Se hablará de espíritu, de imaginación, designado por ello un conjunto como ese, una colección como ésa, el empirismo parte de la experiencia de una sucesión animada de percepciones.
“Así, pues, la experiencia es la sucesión, el movimiento de las ideas separables en la medida en que son diferentes, y diferentes en la medida en que son separables. De esta experiencia hay que partir, porque es la experiencia. No supone nada más, y nada la antecede...”
En definitiva, como señala Deleuze, siempre volvemos a la misma conclusión: “lo dado, el espíritu -colección de percepciones-, no puede apelar a cosa alguna más que a sí mismo”.6
Cabe preguntarnos ahora; ¿qué queremos decir?. Cuando hablamos del sujeto: “Queremos decir que la imaginación, de simple colección que era, pasa a ser una facultad; la colección distribuida se convierte en un sistema. Lo dado es retomado por un movimiento y en un movimiento que supera a lo dado; el espíritu se vuelve naturaleza humana. El sujeto inventa y cree; es síntesis del espíritu”.7
· La espera y el hábito en Hume
Con respecto al tiempo, el espíritu considerado en el modo de aparición era, esencialmente, tiempo, sucesión. Hablar del sujeto, ahora, es hablar de una duración, de una costumbre, de un hábito, de una espera. En el centro de la filosofía de Hume encontramos que la espera es hábito y el hábito es espera: ambas determinaciones, el empuje pasado y el ímpetu hacia el porvenir, son los dos aspectos de un mismo dinamismo.
Es oportuno puntualizar, que en el hábito-espera de Hume, encontramos la mayoría de los caracteres de una duración, de una memoria bergsoniana. Pero, ¿qué es la memoria, la duración para Bergson?. “La duración interior es la vida continua de una memoria que prolonga el pasado en el presente, sea que el presente contenga distintamente la imagen siempre creciente del pasado, sea, más bien, que, por su cambio continuo de calidad, atestigua la carga cada vez más pesada que uno arrastra tras sí, a medida que envejece. Sin esta supervivencia del pasado en el presente, no habría duración sino solamente instantaneidad”.8 Qué no nos remontamos de un actual presente al pasado, que no recomponemos el pasado con presentes, sino que de golpe nos situamos en el propio pasado. Que este pasado no representa algo que se ha sido, sino simplemente algo que es, y coexiste consigo como presente. Que el pasado no tiene que conservarse en algo distinto a sí, ya que es en sí, sobrevive y se conserva en sí. Todas estas son las célebres tesis de Matiere et Mémoire. Este ser en sí del pasado, Bergson lo denominaba virtual”.9
Volviendo a Hume, en definitiva, para él, el hábito es la raíz constitutiva del sujeto, y lo que el sujeto es en su raíz es la síntesis del tiempo, la síntesis del presente y el pasado con miras al porvenir.
· La creencia: un carácter fundamental de la naturaleza humana
En lo que va de nuestro trabajo ya hemos esbozado algo sobre la creencia; trataremos de indagar aún más acerca de ella. Hume, nos dice, que una opinión o creencia no es más que una idea, pues, es diferente de una ficción, en la manera de ser concebida.
Pero además, destaca que “...cuando pasamos de la impresión del uno a la idea o creencia del otro no nos hallamos determinados por la razón, sino por el hábito o un principio de asociación. Sin embargo la creencia es algo más que una simple idea. Es una manera peculiar de formarnos una idea, (...), la creencia es una idea vivaz, producida por una relación con la impresión presente...”.10
Cabe preguntarnos, ahora, ¿Qué es una impresión presente?. Hume dirá: “La impresión presente es la que debe ser considerada como la causa verdadera y real de la idea y de la creencia que la acompaña” 11 Por eso resulta pertinente, ahora, destacar que “(...)la creencia consiste en una idea vivaz relacionada con la impresión presente, es el acto cognoscente del sujeto(...)”12
· Los efectos de la creencia sobre la imaginación
Hume en el “Tratado de la naturaleza humana”, nos dice que la naturaleza ha elegido, un término medio, pues no ha concedido a toda idea un bien o un mal el poder de actuar sobre la voluntad, ni siquiera la ha privado enteramente de su influencia. Aunque una ficción de un mal no tiene eficacia, hallamos por experiencia que producen en menor grado el mismo efecto que las impresiones que se hallan presentes inmediatamente a los sentidos y a la percepción.“ El efecto, pues, de la creencia consiste en conceder a una simple idea la igualdad con las impresiones y concederle una análoga influencia sobre las pasiones. Este efecto solo puede tenerlo haciendo que una idea se aproxime a una impresión en fuerza y vivacidad, pues como los diferentes grados de fuerza constituyen la diferencia original entre una impresión y una idea, deben ser, por consecuencia, la fuente de todas las diferencias en los efectos de estas percepciones, y su supresión total o parcial, la causa de toda nueva semejanza que adquieran (...). La creencia, pues, ya que hace que una idea tenga los mismos efectos que las impresiones, debe hacer que se les asemeje en estas cualidades y no más que una concepción más vivaz e intensa de una idea”.13
De la misma manera, que la creencia es necesaria para excitar nuestras pasiones, a su vez, las pasiones, son favorables a la creencia, no sólo a los hechos que producen emociones agradables, sucede lo mismo y muy frecuentemente con los que nos causan dolor, llegan a ser por esta razón más prontamente objetos de opinión y fe. Pues, cuando un objeto capaz de afectarnos se presenta, da la alarma y excita un grado de su pasión correspondiente, especialmente a las personas que son propensas a esa pasión como lo señala Hume cuando nos habla del cobarde:
“Un cobarde, cuyo miedo se despierta fácilmente, asiente con facilidad a toda noticia del peligro que le den, lo mismo que una persona de disposición triste y melancólica es muy crédula para todo lo que alimenta su pasión dominante”.14 Después de esbozar algo de la influencia de la creencia, sobre las pasiones, trataremos, ahora, de explicar sobre sus efectos sobre la imaginación.
Por ejemplo, es cierto, que no obtenemos placer de un discurso cuando nuestro juicio no asiente a las imágenes que son presentadas a nuestra fantasía; la conversación de los que han adquirido el hábito de mentir, jamás nos produce satisfacción, y esto se debe a que las ideas que nos presentan no yendo acompañadas por la creencia no impresionan al espíritu. “Los poetas mismos, aunque mentirosos por profesión tratan siempre de dar un aire de verdad a sus ficciones, y cuando olvidan esto totalmente, sus obras aunque ingeniosas, no serán capaces de producir mucho placer”.15
Pero, ¿qué nos dice Hume acerca de la verdad? : “La verdad (...) no tiene más efecto que procurar una fácil aceptación de las ideas y hacer que el espíritu se repose en ellas con satisfacción o al menos sin repugnancia”.16 Podemos observar que, aunque las ideas no tengan influencia ninguna sobre las pasiones y la voluntad, la realidad y la verdad son necesarias aún para hacerlas gratas a la imaginación. “Los poetas han creado lo que ellos llaman sistema poético de las cosas que, aunque no es creído ni por los lectores, se estima como un fundamento suficiente para cualquier ficción”.17
Señala que los trágicos toman siempre su argumento, o por lo menos los nombres de sus personajes principales, de algún hecho conocido de la historia, y esto no para engañar a los espectadores, pues confiesan que la verdad no se observa rigurosamente en todas las circunstancias, sino para procurar la aceptación más fácil, por otra parte de la imaginación, de los acontecimientos extraordinarios que representan.
Para él, "La mezcla de la verdad y falsedad de los argumentos de los poetas trágicos no solo sirve para nuestro propósito presente, mostrando que la imaginación puede satisfacerse sin una creencia o seguridad absoluta, sino que puede en otro respecto ser considerada como una poderosa confirmación de este sistema”.18
Pues, “Es evidente que los poetas hacen uso de su artificio, consistente en tomar los nombres de sus personajes y los sucesos capitales de la historia para procurar una más fácil aceptación del conjunto y producir una impresión más profunda sobre la fantasía y las afecciones”.19 Cabe destacar que por hallarse unido en una representación o en un poema los varios incidentes de la obra adquieren una especie de relación, si uno de ellos puede ser objeto de creencia, concede a los que se hallan relacionados con él fuerza y vivacidad: porque la creencia debe gustar a la imaginación por medio de la fuerza y la vivacidad que la acompaña, ya que toda idea que posee fuerza y vivacidad encontramos que es agradable a esta facultad.20 Para confirmar esto nos dice que podemos observar, que existe una ayuda recíproca entre juicio y la fantasía, lo mismo entre el juicio y la pasión, y que la creencia no sólo concede vigor a la imaginación, sino que una imaginación vigorosa y fuerte es de todos los talentos el más apropiado para proporcionar la creencia y autoridad.
Resulta pertinente, destacar que del mismo modo, que una imaginación degenera en locura o demencia y tiene con ellas una semejanza en su actividad, éstas influyen a su vez en el juicio de igual manera y producen la creencia por los mismos principios.
“Cuando la imaginación adquiere, (...), una vivacidad tal que desordena toda sus fuerzas y facultades, no hay posibilidad de distinguir entre la verdad y falsedad, sino que cada ficción (...) teniendo la misma influencia que las impresiones de la memoria o las conclusiones del juicio, es admitida con el mismo valor y actúa con igual fuerza sobre las pasiones”.20
Podemos observar el mismo efecto en la poesía, aunque en grado menor, pues, es común a la poesía y a la locura que la vivacidad que conceden a las ideas se deriva del temperamento y disposición presente a la persona. Pero, ¿esta vivacidad tiene la misma cualidad afectiva que la poesía, que la que surge en el espíritu cuando razonamos?. “El espíritu puede fácilmente distinguir entre la una y la otra, y cualquiera que sea la emoción que el entusiasmo poético pueda producir a los espíritus, no es más que el mero fantasma de la creencia o la persuasión”.22
Pues, sucede lo mismo con la idea que con la pasión que ocasiona. La diferencia de las pasiones es una prueba de diferencia análoga en las ideas de las cuales las pasiones derivan.
“Una descripción poética puede tener un efecto más sensible sobre la fantasía que una narración histórica: puede recoger un mayor número de las circunstancias que componen una imagen o descripción completa; puede parecer que coloca el objeto ante nosotros con más vivos colores”.23 Cabe destacar que, sin embargo, las ideas que presenta son distintas en cuanto a la cualidad afectiva, de las que surgen de la memoria y del juicio. Pues, hay algo débil e imperfecto en medio de esta vehemencia aparente del pensamiento que acompaña a las ficciones de la poesía. “Podemos observar que (...) la más mínima reflexión disipa las ilusiones de la poesía y coloca los objetos en su verdadera naturaleza” (...)24
“Sin embargo, es cierto que en el calor de un entusiasmo poético el poeta tiene una creencia artificiosa y aun una especie de visión de sus objetos, y si existe algún resto de argumento que sostenga esta creencia nada contribuye más a su plena convicción que el ardor de sus figuras e imágenes poéticas que tienen tanta fuerza sobre el poeta mismo como sobre sus lectores”.25 Pues, “no hay diferencia de grado entre lo real y el arte. La diferencia de grado no es más que la condición de una diferencia de naturaleza”. (...).26 “El objeto de arte tiene, pues, un modo de existencia que le es propio, (...): la inferioridad del grado de creencia es la condición de otra especie de creencia. El artificio tiene su creencia”.27.
· Conclusión abierta
En Empirismo y subjetividad, en esta especie de “libro-acto” o de “libro-objeto”, como lo denomina Oscar Massota en el Prólogo, se dicen algunas cosas sobre Hume, por ejemplo:
- Que el asociacionismo no entendió constituirse como psicología del conocimiento, sino como reflexión sobre lo que es práctico en la historia.
- Que no sólo la moral no deriva de la razón sino también que las reglas del entendimiento remiten a la imaginación.
- Que entre los datos de la naturaleza humana y los datos de la naturaleza natural, el sujeto es sujeto en proceso.
- Que la religión es, un desborde de la imaginación, una ficción, un simulacro de creencias.
- Que el mundo es, una ficción de la imaginación; nunca es un objeto del entendimiento, pues, las cosmologías son siempre fantasiosas.
- Que la creencia es el acto cognoscente del sujeto, su acto moral es el artificio o la invención.
En definitiva: La filosofía de Gilles Deleuze es de naturaleza filosófica y no filosófica, pretende en todo momento reafirmar su diferencia. Como señala Cangi: ” La creación de un pensamiento diferencial, como alternativa al pensamiento de la representación (que reduce la diferencia a la identidad) supone en el autor, el uso de los conceptos disponibles de la tradición y la creación de otros nuevos, estructurados por una técnica de montaje ( un collage de inspiración dadaísta...). Obra filosófica que se interesa por los dominios de la ciencia, la literatura, las artes, definiendo una ontología y construyendo prácticas afirmativas que producen nuevas formas de vivir y pensar”. Y justamente, fue eso lo que realizó en su trabajo sobre David Hume.
· Notas
1. Hume, David. Investigación sobre el entendimiento humano.
2. Deleuze, Gilles. Diálogos. Pre-textos. Valencia. España, 1980.
3. Ibídem, pág.64.
4. Deleuze, Gilles. Empirismo y subjetividad. Editorial Gedisa S.A.España.2da.edición, 1981. Pág.91.
5. Ibídem, pág.92.
6. Ibídem, pág.96.
7. Ibídem, pág.100.
8. Bergson, Henri. Introducción a la metafísica y La institución filosófica. Ediciones Leviatán. Siglo XXI. Buenos Aires, 1956.
9. Deleuze, Gilles. Proust y los signos. Editorial Anagrama. Barcelona. España, 1972
10. Hume, David. Tratado de la naturaleza humana. Tomo I. Colección Universal. Madrid, 1923.Págs.162-163. El subrayado es nuestro.
11. Ibídem, pág.171. El subrayado es nuestro.
12. Ibídem, pág.172. El subrayado es nuestro.
13. Ibídem, págs.196-197. El subrayado es nuestro.
14. Ibídem, pág.197. El subrayado es nuestro.
15. Ibídem, pág.199.
16. Ibídem, pág.199.
17. Ibídem, pág. 200.
18. Ibídem, pág. 200.
19. Ibídem, pág.201.
20. Ibídem, pág.201.
21. Ibídem, pág.202.El subrayado es nuestro.
22. Ibídem, pág.203. El subrayado es nuestro.
23. Ibídem, págs.204-205. El subrayado es nuestro.
24. Ibídem, pág.205.
25. Ibídem, pág.205.
26. Deleuze, Gilles. Empirismo y subjetividad. Editorial Gedisa S.A.España.2da.edición, 1981. Pág.55.
27. Ibídem, pág.56.
· Bibliografía consultada
Hume, David. Tratado de la naturaleza humana. Tomo I. Colección Universal. Madrid, 1923.
Deleuze, Gilles. Empirismo y subjetividad. Editorial Gedisa S.A.España.2da.edición, 1981.
Bergson, Henri. Introducción a la metafísica y La institución filosófica. Ediciones Leviatán. Siglo XXI. Buenos Aires, 1956.
Deleuze, Gilles. Proust y los signos. Editorial Anagrama. Barcelona. España, 1972.
Deleuze, Gilles. Diálogos. Pre-textos. Valencia. España, 1980.

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